Un poco de historia. Aniversario 10º P. Armando Amirati

Queridos, amigas y amigos:

En estos días se ha cumplido el 10º aniversario de la muerte del Padre Armando Amirati, párroco de Cañada de Gómez durante los años 1962-l969. El nos anticipó y encarnó el espíritu del Concilio Vaticano 2º que actualizó la doctrina y praxis de la Iglesia Católica a las necesidades del tiempo moderno.

  • ¿Y cual era la esencia de este cambio? –
  • Principalmente recuperar y hacer evidente el tetimonio de Jesucristo en su mensaje trascendente: DIOS ES AMOR. Un amor misericordioso que viene a salvarnos y no a condenarnos. Un “amor de predilección por los más pobres y los más necesitados”.
  • Y ahora nuestro Papa Francisco vuelve a reencausarnos en esta senda con su insistencia de “salir a la periferia”, porque siempre debemos estar alertas sobre la tentación de encerrarnos en las estructuras. Y la Iglesia debe ser fundamentalmente misionera. Misionera del amor y la misericordia Divina.

Los que tuvimos la suerte de conocer y convivir con el Padre Amirati sabemos de la encarnación de este espíritu de apertura. El reunía en sí, y entre otras, dos cualidades no tan frecuentemente conjugadas en los seres humanos: por un lado una mentalidad muy lúcida y por otro lado un corazón humilde y misericordioso. Esto hacía que tuviera una profunda llegada a todos los corazones pero especialmente al de los más pobres y necesitados. A ellos en particular dedicó todas sus energías y en forma concreta, dándolo todo, haciendo de la Parroquia la casa de todos, donde a veces costaba encontrarlo por que recorría la ciudad permanentemente ayudando, escuchando y consolando a todo aquel que lo necesitara.-

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el Padre Armando Amirati

El Padre Amirati fue nombrado Párroco de la Iglesia San Pedro de Cañada de Gómez en 1962, aproximadamente a sus 43 años de edad.

Anteriormente había sido profesor y Director Espiritual en el Seminario San Carlos Borromeo de la Diócesis de Rosario. Su llegada a nuestra ciudad significó un cambio profundo en la evangelización de la feligresía local. Acorde con la revolución producida en el seno de la Iglesia por el Concilio Vaticano IIº, el P. Amirati nos trajo el mensaje evangélico del Dios cercano y amoroso en contraste con anteriores visiones del temor al juicio de Dios. Justamente, este enamoramiento con dicho Concilio universal, que actualizaba totalmente a una Iglesia demasiado “conservadora” habría de traerle problemas a él y otros 22 sacerdotes que soñaban con que este florecimiento de la Iglesia pudiera también realizarse en nuestra Diócesis. El P. Amirati hizo de la parroquia un lugar abierto; todos sin excepción podían entrar y salir como en su casa. A veces era difícil encontrarlo porque el recorría toda la ciudad, interesándose por todos, pero especialmente por los más pobres.

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Papa Juan XXIII

De este modo fue haciéndose querer por toda la población. Además de toda su fructífera labor apostólica, entre las inquietudes socialmente interesantes podrí- amos citar la creación del Ateneo Parroquial, para el entretenimiento de los chicos, sacándolos de la calle y la promoción del “Plan de Viviendas Juan 23º”, en conjunto con hombres y mujeres de la parroquia, que posibilitó la construcción de 33 viviendas por esfuerzo propio y ayuda mutua que a través del tiempo ha florecido en nuestra actual:FRATERNIDAD – por una vida digna” Asoc. Civil.

Pero la jerarquía diocesana no estaba preparada para esta actualización que contemplaba la instrucción y vida de la feligresía según estas nuevas miradas conciliares, atentas a las distintas realidades zonales.

Y entonces, así como crecía su relación con el pueblo, se deterioraba su relación con la autoridad eclesiástica diocesana, al igual que la de los otros 22 sacerdotes. Hasta que en 1969 afloró el conflicto públicamente. El Padre decidió retirarse a otra diócesis para evitar enfrentamientos pero el pueblo reaccionó en su defensa y clausuró el templo en señal de disconformidad.

Toda la comunidad lo apoyaba, pero la respuesta de la curia fue descomunal, promoviendo la actuación de la policía agrediendo a un pueblo pacífico y provocando varios heridos. A partir de allí y al no producirse ninguna reparación por parte del obispado, él decidió quedarse junto a su pueblo. Así pasaron varios años, con distintas presiones hacia él y la comunidad que lo acompañaba. En esas circunstancias la comunidad de Cañada maduró su fe a través del dolor hasta el punto de poder expresar que “todo se nos pude quitar, pero nadie nos puede prohibir amar”. También aprendimos que la Iglesia no es el templo o la parroquia sino los fieles reunidos en el nombre del Señor. Acrisolado este período el Padre decide emigrar a La Rioja donde el Obispo Angelelli y los sacerdotes lo reciben con los brazos abiertos. Allí ejerció su apostolado hasta el fin de sus días, compartiendo las alegrías y penurias del pueblo como sólo él sabía hacerlo, entregándoles lo mejor de su espíritu y su corazón. Su vida fue un testimonio de esperanza porque la vivía con la convicción evangélica de que, como él solía decirnos:

el bien es más fuerte que el mal”

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